miércoles, 12 de agosto de 2026

CÓMO INTERPRETAR EL APOCALIPSIS -Entre el símbolo, la profecía y la revelación de Jesucristo

 A lo largo de la historia de la Iglesia, pocos libros de la Biblia han despertado tanta fascinación, esperanza, debate y, al mismo tiempo, tanta confusión como el Apocalipsis.

Para algunos, sus dragones, bestias, trompetas, copas, sellos y números representan principalmente realidades espirituales. Para otros, describen acontecimientos proféticos que todavía esperan un cumplimiento histórico y literal. Otros intentan relacionar sus visiones con acontecimientos ocurridos durante los primeros siglos del cristianismo.

El problema no consiste necesariamente en reconocer símbolos o acontecimientos futuros. El verdadero peligro aparece cuando convertimos nuestra interpretación en el centro del libro y desplazamos al verdadero protagonista: Jesucristo.

El Apocalipsis comienza diciendo:

“La revelación de Jesucristo…”
— Apocalipsis 1:1

Antes de ser un libro acerca del Anticristo, las bestias, la Tribulación, Babilonia, los juicios o el fin del mundo, es la revelación de Jesucristo glorificado.

Cristo es el centro.

Él aparece como el Testigo fiel, el Primogénito de los muertos, el Soberano de los reyes de la tierra, el Cordero que fue inmolado, el León de la tribu de Judá, el Rey de reyes y Señor de señores, el Juez justo y finalmente como aquel que hace nuevas todas las cosas.

Por eso, interpretar correctamente el Apocalipsis exige equilibrio espiritual y fidelidad bíblica:

ni simbolismo sin fundamento en la Escritura, ni literalismo que ignore el género profético y las imágenes que el mismo libro utiliza.